C.E.I.P. General Espartero

25 años educando

Los miedos infantiles

 

 

          ¿SU HIJO TIENE MIEDO?

 

El miedo es un fenómeno psicológico que nos da la noción de peligro. Es algo normal, con una función adaptativa que tanto en el niño como en el adulto supone una reacción emocional ante situaciones “peligrosas” Estas situaciones pueden ser reales o imaginarias.

Cuando el miedo se convierte en patología es porque ha superado el grado de normalidad y se acompaña por otro tipo de alteraciones como son ansiedades, estados depresivos, obsesivos o fobias. No podemos negar que el miedo es un sentimiento desagradable del que no es fácil conocer su origen.

En los niños vemos más claramente las distintas variantes del miedo: el lactante que llora porque no quiere quedarse solo; el miedo a las “brujas o monstruos”, y otras más evidentes como el miedo a un perro que les puede morder, o a una simple mosca.

El miedo tiene un sentido biológico que protege al hombre de un peligro y debe reaccionar este mecanismo automáticamente y sin experiencia previa.

 Algunos investigadores consideran el miedo a la oscuridad una reacción innata pero casi siempre son factores externos y sobre todo la influencia educativa quienes aportan el mayor peso a la hora de predisponer a la persona al miedo.

En su forma original el miedo es un mecanismo natural de protección que aparece ante una señal de peligro. Según los estímulos y la pusilanimidad del individuo puede funcionar de forma suave o fuerte.

La sensación experimental produce un estado de tensión interior que se acompaña de reacciones corporales:

                -Ritmo cardiaco acelerado                                                - Sudoración excesiva

-Tensión muscular                                                             -Sequedad de garganta y boca

                -Sensación de nausea en el estómago                            -Urgencias de orinar y defecar

                -Dificultad en respirar                                                       -Respiración rápida y entrecortada

                -Temblores                                                                          - Dilatación de las pupilas

                -Erizamiento del pelo                                                         - Aumento de la presión arterial

                              

Pero debemos tener en cuenta que frente a la pusilanimidad existe otra característica muy unida al origen del miedo: LA FANTASÍA. La simple imaginación de algún hecho amenazante bastaría para darnos miedo. Veamos un ejemplo: a algunos niños les basta imaginarse que un perro pudiera morderles para tener miedo a los perros. Incluso la lectura de un cuento puede desencadenar el miedo.

Entonces, ¿qué hacemos?: ¿Tenemos un cuidado exagerado y alejamos a los niños de toda información susceptible de crear miedo?, O ¿Procuramos que el niño se enfrente a situaciones nuevas y quizá atemorizantes?.

Esta segunda opción es la más adecuada y con este comportamiento alejaremos a los niños de un estado exagerado ante el miedo. Debemos intentar “dialogar” con el miedo y descubrir cómo influye en nuestra vida. Toda persona es un ser único y “sus miedos” también lo son. Aún así podemos agrupar “miedos típicos” para afrontarlos mejor. Este agrupamiento lo podemos hacer según la edad que nos facilitará más su identificación.

 

                 EVOLUCIÓN DE LOS MIEDOS EN FUNCIÓN DE LA EDAD  

 

EDAD :SITUACIONES ATEMORIZANTES

0-6 meses Ruidos fuertes, perdida súbita de apoyo y soporte. 

7-12 meses Miedo a extraños, a la separación de los padres, a objetos que surgen bruscamente. 

1 año  Personas extrañas , separación de la padres, heridas. 

2 años Ruidos fuertes, animales, separación de los padres. 

3 años  Mascaras ,oscuridad separación de los padres, animales. 

4 años Ruidos, oscuridad, separación de los padres, animales. 

5 años Lesiones corporales ,ruidos, oscuridad, separación de los padres, animales. 

6 años Oscuridad, seres sobrenaturales, lesiones corporales, separación de los padres, ruidos fuertes. 

7-8 años Estar solo, seres sobrenaturales, oscuridad, lesiones físicas, hacer el ridículo. 

9-12 años  Exámenes escolares, lesiones corporales, aspecto físico, truenos y relámpagos, muerte, oscuridad.

 

 

 

 

 

Pero ¿CUÁLES SON LOS MIEDOS DEL NIÑO?

En primer lugar podemos tratar el MIEDO PRIMITIVO (del lactante). Para todos los lactantes existe un único miedo durante las primeras semanas de vida: el miedo a la muerte.

La manera de manifestar los miedos es: patalear, llorar y gritar. Por ello cada grito o lloro ha de entenderse como una señal de advertencia del malestar o como la expresión de una necesidad fundamental. Siempre que un bebé siente miedo o malestar debería notar la presencia de la madre muy cerca. Según un estudio de las investigadoras americanas SILVIA BELL y MARY AINSWORTH se observó el comportamiento de un grupo de lactantes durante los tres primeros meses. Después se volvió a comprobar a los 9 meses y el resultado fue determinante: los niños cuyo llanto no fue atendido con frecuencia durante los 3 primeros meses eran significativamente más llorones que los niños inmediatamente tranquilizados. La primera piedra para una posterior pusilanimidad (de la que ya hemos hablado anteriormente) es dejar a un niño solo en el desamparo de su llanto. También debemos procurar evitar ruidos fuertes y repentinos.

 

Otro tipo de miedo es el MIEDO A LA SEPARACIÓN. El miedo del niño a la separación y al abandono, su necesidad de seguridad insatisfecha son exigencias profundas que impregnan su conducta y vivencias y pueden repercutir de forma dramática durante decenios. Dentro de este apartado consideramos dos situaciones por separado:

1. Miedo a dormir solo (o permanecer solo en casa)

Cada vez que el niño tenga miedo por las noches deberemos ocuparnos de él (padre, madre o ambos) al día siguiente con especial intensidad. Cuando llegue el momento de ir a la cama sentarnos a su lado, contarle algo y acariciarle la frente y las cejas. Al cabo de tres a cinco minutos se relajará y dormirá tranquilamente. Este proceder es lo mismo para dos, cuatro, siete o nueve años. En cuanto a permanecer solo en casa será un aprendizaje paulatino y formará parte de su independencia.

Hay que acostumbrar a los niños a realizar siempre las mismas rutinas de conducta antes de acostarse para adquirir hábitos saludables:

                1. La hora de acostarse debe ser siempre la misma y sobre todo temprana para poder descansar     ampliamente y adquirir un hábito de sueño saludable.

                2. Debe orinar y evacuar antes de irse a la cama.

                3. Haber sido bien alimentado para no experimentar hambre o sed.

                4. Cepillarse los dientes.

                5. Ducha o baño.

                6. Realizar actividades sosegadas previas al sueño. No es recomendable juegos movidos o             violentos que entrañen gran actividad física.

 

2. Miedo a ir a la guardería

Sólo cuando el niño está completamente seguro de ser realmente aceptado por sus padres y de que nunca será abandonado por ellos podrá asimilar posibles temores a la separación.

 

También podemos hablar del MIEDO UMBRAL. El impulso del niño a explorar sirve para su desarrollo mental, movilidad y además es una importante condición para su independencia. Sin embargo si hay una postura educativa dominante como “estate quieto”, “no toques”, etc, plantamos con ella una barrera que detiene el desarrollo de la personalidad del niño.

El uso exagerado de la palabra “NO” bloquea el esperanzado desarrollo de una alegre persona. Al traspasar el umbral hacia lo nuevo y desconocido muchos niños dejan de sentir el apoyo de sus padres. Tanto la sobrepreocupación de los padres como una exagerada obligatoriedad tienen consecuencias similares: desarrollar el miedo umbral, que según la fortaleza psíquica y el temperamento del niño puede reaccionar terca o agresivamente o encerrarse cada vez más.

 

Otro tipo de miedo muy unido a los anteriores es el MIEDO AL RECHAZO. El deseo de recibir atención y reconocimiento produce a veces un tipo de conducta agresiva que no oculta sino un profundo temor al rechazo.

Muchos padres tienen dificultades para conversar abiertamente con sus hijos, para expresar enfado o alegría, angustia o afecto. Esta dificultad para la “libre expresión de las emociones” transmite a los hijos una sensación de rechazo hacia ellos.

 

 

 

 

 

También existe el MIEDO AL FRACASO que se manifiesta en muchas edades. Si ve en su hijo alguno de estos indicios debe examinar su postura educativa:

1. El niño padece ya el día anterior a un examen pérdida de apetito o insomnio.

2. Por la mañana, antes del examen, se queja de dolor de cabeza o de barriga (¡el vómito también es posible!), o tiene fiebre repentinamente.

3. La letra del niño en el cuaderno de ejercicios es peor (“temblorosa”) que normalmente.

4. El niño se “olvida” de presentar en casa un ejercicio escolar mal hecho.

5. En los ejercicios escolares tiene más “fallos por descuido” que en los deberes.

 

Para utilizar el miedo al fracaso utilizaremos estas “armas”:

a) Anime a su hijo, refuerce las opiniones positivas.

b) Examine su barómetro del estado de ánimo: tono de voz amable; ambiente familiar relajado.

c) Cuidado con los reproches duros y exigentes, amenazas y castigos. Deben ser proporcionados.

d) Evite sacar a colación a la mínima el tema “escuela” Sin presión él irá contando todo lo que quiera saber.

e) Si el niño no consigue vencer su miedo al fracaso poniendo en práctica los anteriores puntos no se avergüence de buscar asesoramiento pedagógico o psicológico.

 

Cuando existe  MIEDO A LA OSCURIDAD , se señalan  una serie de pautas:

*Cuanto más agradable sea el ambiente en el que duerme el niño, mayor es la probabilidad de que descanse plácidamente y no aparezcan respuestas emocionales negativas.

*La luz, el ruido y las condiciones climáticas de la habitación serán las adecuadas. El niño debe aprender a dormir a oscuras y no necesariamente en silencio absoluto, ya que esto le lleva a sobresaltarse con el menor ruido.

* Si nuestro hijo pide la presencia de luz, podemos recurrir a un piloto de luz para tranquilizarlo y para que pueda levantarse por la noche si es necesario.

*Las camas o cunas deben ser seguras para que el niño no esté inquieto por si se cae y se hace daño.

*Establecer una rutina muy clara para acostarse: acostumbrar a nuestro hijo a seguir la misma pauta o ritual antes de ir a dormir, promueve la adquisición de hábitos de sueño saludables y proporciona seguridad.

* Si el niño tiene pesadillas, consolarle con la luz apagada.· Practicar juegos en la oscuridad: la gallinita ciega, sombras chinescas, regalos escondidos en la oscuridad, el escondite (escondiéndose el padre o la madre en el dormitorio a oscuras del niño), etc.

 

Por último podemos hablar del MIEDO A LA ENFERMEDAD. Estos miedos son muy comunes entre los 5 y 7 años aunque también en edad Infantil los niños sienten un gran temor a las heridas, ver sangre o hacerse daño. Generalmente, la actitud de los adultos, familiares, con este tipo de fobia, se transmite a los niños. Como primera norma para que nuestro hijo no desarrolle miedos infundados evitaremos todo tipo de bromas y amenazas referentes al mundo médico: “como te portes mal te pondrán una inyección”... Si el niño tiene que ser hospitalizado se recomienda a los padres una actitud serena y tranquila para que el niño tenga en quién apoyarse y sentirse seguro. Explicarle la situación desdramatizando: “te darán pastillas para que no te duela...”

 

Y es que HAY EMOCIONES QUE VENCEN EL MIEDO ,como son la alegría, la seguridad, el humor, el enfado, la rabia o la risa. Enseñar a su hijo a enfrentarse a sus miedos de la mano de alguna de estas emociones, resulta muy eficaz. Si su hijo tiene miedo a la oscuridad, podemos enseñarle a contraponer otra emoción ante ese miedo. Por ejemplo, sentir rabia hacia el objeto que teme puede ayudarle a enfrentarse a él. Entrar en una habitación oscura sintiendo rabia o risa tonta, enfadarse con la oscuridad y con los personajes que imagina o burlarse de ella, son actitudes inteligentes. Incluso podemos teatralizarlo e inventar una historia que ayudará a su hijo a superar sus miedos y a sentirse de lo más aliviado si consigue reírse dentro de una habitación a oscuras.

Es importante ayudar al niño a crear frases o imágenes mentales de valentía y coraje que le ayuden a enfrentarse a la situación que teme. Es muy diferente entrar en un cuarto oscuro pensando "me van a atacar" o "me voy a encontrar monstruos malos", que pensar "soy muy valiente y puedo hacerlo muy bien" y "soy capaz de quedarme a oscuras". Los primeros mensajes hacen que el miedo cada vez sea mayor, llegando incluso a paralizar. En cambio los segundos ayudan a mantener el miedo a raya y pueden ayudar a disminuirlo.

 

 

Por último decir que EL PÁNICO ES UN DESORDEN COMÚN Y TRATABLE. A juicio de KAY WIDDWSON los niños y adolescentes sufren períodos inesperados y repetidos de intenso terror o incomodidad, acompañados de otros síntomas tales como palpitaciones rápidas y falta de aliento. Estos períodos que se presentan sin avisar, se llaman "ataques de pánico" y pueden durar desde algunos minutos hasta horas.

Los síntomas de un ataque de pánico incluyen:

 Terror intenso (un presentimiento de que algo terrible está por ocurrir).

 Palpitaciones rápidas del corazón, taquicardia.· Mareos o vértigos.

 Falta de aliento.·

 Sentirse sofocado.

 Temblores o sacudidas.

 Una sensación de irrealidad.

 Miedo a morir, a perder el control o a volverse loco.

 

Los ataques de pánico pueden interferir en las relaciones sociales, el trabajo escolar y el desarrollo normal de un niño o adolescente. Un niño puede negarse a ir a la escuela o a separarse de sus padres. Incluso el niño o el adolescente puede temer salir de casa (“agorafobia”) Tratando de reducir la ansiedad, algunos adolescentes con desorden de pánico usarán el alcohol o las drogas por lo que tendremos que estar atentos a estos comportamientos y/o las compañías con las que se juntan.

 

A modo de RECOMENDACIONES FINALES :

 

1. No demostrar y manifestar los miedos delante de los niños.

El miedo puede transmitirse de padres a hijos mediante el aprendizaje por observación. Unos padres miedosos además pueden interferir en la desaparición del miedo de los hijos impidiendo que estos exploren su entorno. La falta de experiencia influirá de forma decisiva en la consolidación de los miedos y su posterior transformación en las temibles fobias.

2. Seleccionar las lecturas infantiles adecuadas.

3. Contar cuentos agradables, exentos de terror y acontecimientos truculentos.

4. Fomentar la autonomía e independencia.

5. Seleccionar las películas a visionar, evitando las de terror y violencia.

6. Realizar cambios graduales en el entorno para acostumbrarlo a situaciones novedosas.

7. Reforzar los comportamientos valerosos

.8. Evitar la sobreprotección porque fomenta la dependencia.

9. Enseñar habilidades en relajación y autocontrol.

10. Y sobre todo, saber escuchar y dedicarles tiempo suficiente a los pequeños.

 

                Para terminar, como complemento a las recomendaciones finales y puesto que siempre vienen bien unos CONSEJOS PRÁCTICOS, aquí van unos cuantos que seguro ayudarán a orientar un poco a las personas interesadas. Seguiremos las orientaciones dadas por el doctor ESTIVILL en su libro “Duérmete, niño”:

 Tu hijo no padece una enfermedad.

 No tiene un problema psicológico.

 No es un mimado, aunque, a veces, te lo haga creer.

 Debes concienciarte de que lo que sucede no es culpa tuya.

 No veas la situación como un problema, porque realmente no lo es.

 Relájate, si estás relajado serás mucho más útil, ya que no interrumpirás el sueño de tu hijo y podrás solucionar las cosas de una manera coherente.

 Y, sobretodo, en caso de que tu hijo sufra un trastorno del sueño, no lo despiertes, con eso no solucionarás nada, sólo conseguirás que se asuste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otros consejos que podemos tener en cuenta son:

 

Acudir cuanto antes a la habitación de su hijo.

No asustar a su hijo de forma gratuita.

Abrazarlo, calmarlo.

Decirle frases sencillas y tranquilizadoras como: " cálmate, no pasa nada, tu mamá/papá está contigo".

Realizar cualquier cambio en la rutina de su hijo de forma gradual para acostumbrarlo a situaciones nuevas.

Adoptar algunas medidas de prevención de posibles accidentes en caso de que su hijo pierda el control: procurar que la cama no esté demasiado elevada, que la lámpara de la mesilla sea resistente, etc.

 Educar positivamente, empleando elogios e incentivos en lugar de amenazas y coacciones.

 Consultar a un especialista si los episodios se producen con mucha frecuencia.

 Potenciar al máximo la autonomía que el niño va adquiriendo a medida que aprende.

 Restar importancia a las manifestaciones normales de temor de su hijo. Es normal que los niños tengan cierto miedo.

Los juegos de esconderse y encontrarse en todas sus modalidades ayudan a vivir la separación de una manera lúdica y muy educativa, ya que aprenden a saber que cuando no nos ven no significa que hayamos desaparecido.

 Aprender a controlar nuestra ansiedad. La ansiedad y los sentimientos de inseguridad se contagian a los hijos.

Cuanto más agradable sea el ambiente en el que duerme el niño, mayor es la probabilidad de que descanse plácidamente y no aparezcan respuestas emocionales negativas.

 

 

BIBLIOGRAFÍA :

 

ARND STEIN: “Mi hijo tiene miedo”.Plaza & Janés. Barcelona, 1988

FRANCISCO XAVIER MÉNDEZ: “Miedos y temores en la infancia”. Ayudar a los niños a superarlos. Pirámide.

FANNY JOLY: “¿Quién tiene miedo al lobo?”.Anaya Infantil y Juvenil

JOSÉ OLIVARES: “El niño con miedo a hablar”.Ediciones Pirámide

FANNY JOLY: “¿Quién tiene miedo a la tormenta?”.Anaya Infantil y Juveni

BONIFACIO SANDÍN: “Ansiedad, miedos y fobias en niños y adolescentes”.Dykinson

CHIARA CARRER: “¡Qué miedoso!”

 

“Ansiedades y Miedos” .Guia de Padres. Edit. Paidos

“Ayudar a mi hijo a vencer ansiedades y temores”.David Lewis .Edit. Martinez Roca